¿Qué nos deja el tiempo mientras se aleja?

Este texto nació en 2018, en esos momentos donde las preguntas envuelven la mente, y cuestionaba de forma sútil que nos deja el tiempo mientras se aleja. Hoy vuelve a mí como regresan las mareas: trayendo olas, retando al viento, humedeciendo la orilla con sútil verdad. Vuelvo a esa pregunta descubriendome en otro lugar: pensando que el tiempo no solo se lleva, también enseña. Que no se trata de correr, sino de mantener coherencia con el camino que elegimos caminar.
En Legalmente Poético, vuelvo a publicar pero con la memoria, lenguaje, instantes, emociones y pequeñas decisiones que ordenan la vida mientras pasamos por ella.
Lo comparto esta vez desde un lugar distinto, pero manteniendo la esencia, y esperando que nuevamente sirva de pausa y respiro para agradecer o descubrir todo lo bonito que tenemos.

Publicado originalmente el 6 de agosto de 2018; revisado y actualizado el 19 de agosto de 2025.


A veces el tiempo no se va: se queda en lo que elegimos vivir y recordar. Si hoy corres sin saber hacia dónde, estas líneas son una pausa con nombre propio.

Pasamos la vida corriendo como si compitiéramos por la medalla de oro de algún torneo mundial, como si cada día fuera una carrera interminable hacia un triunfo que nadie sabrá aplaudir o reconocer. La prisa nos convence de que vivir es producir, tachar pendientes, llegar antes. Pero basta un instante de lucidez —un atardecer en calma, una palabra inesperada, una pausa sin motivo— para descubrir que la vida no ocurre en la meta, sino en la manera en que elegimos andar el trayecto.

La madurez en el tiempo

¿Existirá un momento en que simplemente paremos? el paso de los años no siempre te colma de respuestas pero si esclarece las dudas, nos enseña a detenernos, convirtiendo cada experiencia en brújula, revelandonos: qué queda en pie cuando todo lo demás se desvanece.

Que nos detengamos un segundo —de esos millones que desperdiciamos en trenes sin rumbo— y pensemos: ¿cómo quiero vivir mi vida? ¿Cómo explorar aquello que me hace feliz, si al final del día todos terminaremos desapareciendo entre la tierra de un mundo que no nos pertenece?

Imaginemos ese instante previo, segundos antes de partir: tal vez serán los únicos completamente sinceros de entre los que compartimos con otros. Cuando la agonía abrace los recuerdos y la mente se nuble, todo se irá apagando lentamente. Y, sin embargo, aún querríamos alcanzar un último verso para despedirnos.

Si tan limitada es la vida… quizá deberíamos atrevernos. No solo para ganar recuerdos, sino para ganar sentido. Porque la verdadera conquista no está en evitar la muerte, sino en vivir con tal autenticidad que cada segundo, por breve que sea, se convierta en un legado.

Una conquista que se queda en mi alma

Si miramos más allá de los aciertos y desaciertos de nuestro andar, descubrimos que ganamos en el instante en que hacemos las paces con el tiempo que no regresa. Solo entonces entendemos que cada día llega con nuevas oportunidades, con pausas que tienen valor propio. Y es ahí donde entendí que, lo normado, lo estructurado, puede convivir con lo poético, lo espontáneo, lo humano…

Con los años entendí que la vida no lleva competencia. Decidí escribirla como un viaje de carga ligera pero significativa: un abrazo, un amor, un atardecer, un vivir sin estructuras, albergando uno que otro secreto.

La pregunta ya no es cuánto nos arrebata el tiempo, sino qué elegimos construir mientras nos acompaña. Y a ti, que me lees: ¿qué te impulsa a vivir?


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